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Declarada por la Unesco Patrimonio Histórico Cultural de la Humanidad, testimonio monumental de la obra jesuítica, único en el territorio argentino. Llamada Miní, que en guaraní significa menor, para diferenciarla de San Ignacio Guazú o mayor, ubicada en el Paraguay.
Luego de la expulsión de los misioneros, el pueblo decayó y, en el siglo XIX, San Ignacio Miní cayó en poder del gobernador del Paraguay, quien ordenó su destrucción. Dejó al pueblo en la ruina total y a sus habitantes, dispersos.
Hoy el pueblo de la misión tiene un muro perimetral que lo separa del trazado urbano, y en su interior las imponentes ruinas han sido restauradas con habilidad, rescatadas de la selva y cuidadosamente preservadas.
Al anochecer tiene lugar un interesante espectáculo de luz y sonido, que permite transportarse al mundo jesuítico y a las actividades propias de la misión, con cánticos y música de la época, en una artística valoración lumínica de los restos arqueológicos.
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